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La Coctelera

Esto no lo dije yo...

...pero es mío.

20 Mayo 2007

La muerte de Tennessee

Con las manos temblorosas toma el frasco de pastillas, pasa la mano por la nunca y la regresa húmeda. No puede abrirlo, su cuerpo es un péndulo. Decide entonces utilizar la boca. Las mandíbulas sujetan la caprichosa tapadera que se niega a salir. La presión de los dientes la afloja y la lanza directo a su garganta. Las pastillas caen regadas por la alfombra. Se lleva las manos al cuello, al estómago, al cabello. El aire no consigue entrar. Su cuerpo va cediendo. Los ojos se salen de sus órbitas y empiezan a ver arriba, hacia dentro del cráneo, el lugar donde se guardan los recuerdos.
Pasa por su mente la infancia en Mississipi, los constantes problemas de sus padres. La máquina de escribir que le regalaron cuando tuvo difteria. Dos años enteros casi sin moverse de la cama, como ahora, que no podía levantarse de la alfombra. Pero esta vez no tenía una máquina, ni siquiera podía escribir. Las letras se iban desvaneciendo en su mirada turnia.

Así fue la muerte de Tennessee Williams, o más bien es así como la imagino yo. Nadie sabe si la intención de Tennessee era tragarse todas las pastillas que estaban dentro del frasco o no. Unos días antes había dicho "Estoy acorralado contra la pared y lo he estado durante tanto tiempo que la presión de mi espalda sobre ella ha comenzado a descascarar el yeso". De cualquier forma la muerte se le adelantó, lo mató con el plástico absurdo de una tapadera. Le había arrebatado su última decisión.

El miedo y la muerte eran constantes en la obra de Tennesse. Pero la siguiente frase desafía las rutinas del escritor, abre un poco la ventana al lado que él mismo se había negado, la de la vida, al espacio donde es posible evadir al miedo. Una frase hermosa, una invitación a la rebelión contra el miedo, a burlarse de él, a saltarle como la mierda en la calle.

"Él, el demonio, armó barricadas de estaño dorado y púrpura que tenían la etiqueta Miedo (y otros títulos augustos), sobre las cuales ellos, los niños, saltaban ágilmente, siempre lanzando hacia atrás su risa salvaje."

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sillonr

sillonr dijo

No había pasado por aquí. Qué grata mañana de domingo. Excelente.

R

27 Mayo 2007 | 12:32 PM

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Esto no lo dije yo...

Madrid, España
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Un amigo inspeccionaba mis libros cuando se topó con mi colección de cuadernos. Se sentó un momento a leerlos, mientras a mí me sudaban las manos. "Escribes muy bien, no imaginaba que eras tan buena", me dijo. Le respondí con una sonrisita tímida y escondiendo la mirada. No me atreví a decirle que ni una sola de las palabras escritas allí había salido de mi cabeza. Todo era robado y de la manera más vil. Desde Ginsberg hasta la señora de la tienda de la esquina. Pero es que hay frases que son tan nuestras aunque no las hayamos dicho nunca. Por eso cuando leo o esucho algo que me resulta familiar, que de algun modo me llega o me define, me apresuro a copiarlo. Así lleno mi bolso de servilletas, tickets del super, papelitos miserables o volantes escritos por la cara blanca. Después los reúno todos y los guardo en jaulas de papel. Escribirlos y comentarlos en la pantalla es una forma de deconstruirme, porque al final de cuentas todos estamos hechos de palabras.

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